La conflictiva relación entre el administrador y el auditor interno

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El administrador general de una empresa es el funcionario encargado de guiar y gestionar su grupo de trabajo, de tal manera que se alcancen los objetivos propuestos por la empresa. Es, sin duda alguna, un cargo que demanda un alto grado de liderazgo. Así mismo, el auditor interno cumple una labor que podría considerarse como complementaria e imprescindible. El auditor cumple la tarea de realizar una revisión de cada uno de los aspectos de una empresa que representen un riesgo, de tal manera que se prevean situaciones que afecten el funcionamiento de la empresa. Así mismo, el auditor sería el encargado de evaluar el trabajo que está llevan a cabo el administrador. Se tiene entonces que ambos cargos son fundamentales para asegurar el cumplimiento de los objetivos de una empresa, por lo tanto, se esperaría que ambas profesiones compartieran una relación fundamentada en el trabajo en equipo. Sin embargo, muchas veces la labor de uno interfiere con la labor del otro y se genera una relación tensionante impulsada generalmente por relaciones de poder.

De acuerdo con Chambers (2017) hay cinco (5) puntos que son especialmente controversiales entre esta relación. El primero de ellos es el presupuesto que se invierte en los departamentos de auditoría interna. Esto se da debido a que se puede llegar a considerar el ejercicio de la auditoría como una tarea prescindible a la hora de querer recortar costos dentro de la empresa. Este punto es el primero a considerar entre la relación de los administradores y los auditores internos.

El segundo punto a tratar es el de la evaluación de riesgos, se trata de una situación en la que los auditores internos tienen la obligación de presentar un reporte evaluativo de la situación de la empresa tal y como es, pero los administradores o gerentes no siempre están dispuestos a escuchar aquello que está mal. Es decir que los reportes de auditoría se reciben con un impacto negativo sobre la imagen y la gestión de la empresa. Los administradores suelen sentirse incómodos o molestos con la labor del auditor al sentir que es un ejercicio punitivo y de vigilancia continua, cuando en realidad se trata de un proceso de mejora. Muchos auditores tienden a ceder ante la presión de los administradores que requieren de un buen reporte y alteran los resultados para que parezca que todo esté bien.

De este punto se desprende el siguiente y es acerca del acuerdo o desacuerdo que existe entre los auditores y los gerentes acerca de los resultados de la auditoría. Mientras los auditores tienen la tarea de realizar un reporte de manera objetiva y realizar una reunión en la que comparten dichos resultados, los gerentes deben aceptar las críticas y socializar los problemas. Muchas veces sucede que los auditores y los gerentes no se ponen de acuerdo acerca de las conclusiones y recomendaciones que derivan de los resultados de la auditoría. Es una reacción más normal de lo que parece, pues a nadie le gusta escuchar que algo anda mal con su empresa. Las objeciones que surgen deben ser aceptadas para tomar medidas de acción para corregirlas, pero muchas de estas objeciones son rechazadas y los problemas que se presentan a raíz de la misma pueden persistir en la empresa.

El cuarto punto de tensión en la relación auditor-administrador es acerca de las calificaciones en los informes de auditoría. Esto se debe a que los reportes de los auditores deben ser completamente honestos y muchas veces para las áreas en las que algo anda mal esto significa que debe haber un castigo o un llamado de atención. De nuevo, la auditoría se convierte más en un ejercicio de impacto negativo, que de mejora continua.

Por último, la relación con el comité de auditoría también suele ser conflictiva con los administradores. Los comités de auditoría tienen la función de supervisar y guiar los informes de auditoría por lo que generalmente hay un doble canal de comunicación. Muchos administradores sienten que la autoridad sobre las auditorías debería recaer sobre la propia administración de la empresa y no sobre los comités de auditoría. Si se analiza con cuidado, se puede analizar que este problema se trata más de una motivación egoísta y egocéntrica por parte de algunos administradores. La auditoría interna y el comité de auditoría no pretenden pasar por encima de la administración de la empresa, pero sí deben permanecer autónomas en su ejercicio.

Pues bien, como reflexión final se puede decir que la tensión entre administradores y auditores internos no debería existir. Si se entiende claramente cuál es la labor del auditor dentro de la empresa, no deben existir estos puntos de tensión mencionados por Chambers (2017). Los auditores no ejercen una labor punitiva y dañina para la empresa sino más bien un ejercicio de mejora continua y de solución para los problemas que está presentando una empresa. Habría que hacer una reflexión más profunda a cerca de la percepción que los empresarios tienen sobre la labor de los auditores para entender por qué es frecuente encontrar puntos de tensión en su relación.

Chambers, R. (2017). ​​Management vs. Internal Audit: 5 Frequent Sources of Tension. En línea, disponible en: https://iaonline.theiia.org/blogs/chambers/2017/Pages/Management-vs-Internal-Audit-5-Frequent-Sources-of-Tension.aspx

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