Prevención de fraudes, saber distinguir baobabs de entre los rosales

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Ene/Feb 2016  |  Núm. 17

18 de junio, 2017


Prevención de fraudes, saber distinguir baobabs de entre los rosales

¿En la prevención de fraudes qué tan importantes son los controles internos?

Son tan importantes como los corderos en el planeta del Principito.

Con gentileza mezclada de urgencia, las primeras palabras del Principito son para pedir el dibujo de un cordero, insiste y no ceja hasta conseguirlo.

“La primera noche dormí sobre la arena a mil millas de toda tierra habitada. Estaba más aislado que un náufrago sobre una balsa en medio del océano. Imaginan, entonces, mi sorpresa cuando, al romper el día, me despertó una extraña vocecita que decía:

–Por favor…; ¡dibújame un cordero!

–¡Eh!

–Dibújame un cordero…”

¿Cuál es el agobio? ¿Cuál es el apremio? ¿Para qué un cordero?

La historia misma nos da la respuesta, el cordero es un factor de control interno que previene la destrucción de los planetas.

La lección de prevención continúa, el cordero se come sólo la hierba mala porque sabe distinguirla de entre la hierba no destructiva.

La lección salta a la vista. El buen examinador de fraudes debe estar al tanto de que distinguir la proximidad de un fraude es tan esencial como actuar con diligencia para evitar sus consecuencias.

“Los baobabs, antes de crecer, comienzan por ser pequeños”.

–¡Es cierto! Pero ¿por qué quieres que tus corderos coman baobabs pequeños?

Me contestó: “¡Bueno! ¡Vamos!”, como si ahí estuviera la prueba. Y necesitó un gran esfuerzo de inteligencia para comprender por mí mismo el problema. En efecto, en el planeta del principito, como en todos los planetas, había hierbas buenas y hierbas malas. Como resultado de buenas semillas se dan buenas hierbas y de malas semillas, malas hierbas. Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre despertarse. Entonces se estira y, tímidamente al comienzo, crece hacia el sol una encantadora briznilla inofensiva. Si se trata de una planta mala, debe arrancarse la planta inmediatamente, en cuanto se la reconoce.

Había pues, semillas terribles en el planeta del principito. Eran las semillas de los baobabs. El suelo del planeta estaba infestado. Y si un baobab no se arranca a tiempo, ya no es posible desembarazarse de él. Invade todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y si los baobabs son demasiado numerosos, lo hacen estallar.”

Así como con los baobabs, el combate del fraude debe darse sin ningún descuido. Hay que estar concentrados y alerta permanentemente. Debemos entender que es vital aprender a distinguir y mejorar nuestras habilidades para percibir y reconocer señales y avisos, poder actuar a tiempo e impedir que las señales se traduzcan en fraudes con sus indeseables consecuencias.

“Es cuestión de disciplina”, me decía más tarde el principito. “Cuando uno termina de arreglarse por la mañana debe hacer cuidadosamente la limpieza del planeta”.

Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes.

En el caso de la lucha contra el fraude, en su etapa preventiva no admite concesiones ni tregua alguna, el descuido, relajamiento o ausencia de los controles internos puede derivar en efectos desastrosos.

“A veces no hay inconveniente en dejar el trabajo para más tarde. Pero, si se trata de los baobabs, es siempre una catástrofe. Conocí un planeta habitado por un perezoso. Descuidó tres arbustos……”

La lectura de El Principito, desde esta óptica, es una excelente y divergente manera de reflexionar sobre el tema de la prevención del fraude y la trascendencia de los controles internos, especialmente sobre la importancia de desarrollar habilidades para percibir señales de fraudes, denominadas técnicamente banderas rojas, porque las habilidades para percibir señales de gestación de fraudes que contribuyan a evitarlos, son tan o más importantes que las habilidades para examinarlos una vez consumados.

Saint-Exupéry, Antoine. (1943). El principito, [en línea].

 

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