¿Quiere conocer a su cliente? ¡Comience por identificarlo!

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ul/Ago 2016  |  Núm. 20

24 de agosto, 2016



Sandro García Rojas Castillo
Prevención de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita – CNBV
Irene Gómez Islas
Director General de Atención a Autoridades – CNBV

Ángulos del Fraude

¿Quiere conocer a su cliente? ¡Comience por identificarlo!

Cuando alguien habla de prevención de delitos como el lavado de dinero o el fraude, necesariamente incide en hablar de un término que los anglófonos se han obstinado en querer legarlo en las siglas KYC por su significado Know Your Client, o mejor conocido en nuestro hermosísimo español, como “conoce a tu cliente”. Desde las recomendaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI o FATF por sus siglas en inglés) de finales de la década de los 80, e incluso antes por recomendaciones del Comité de Basilea, el KYC se convirtió en una acción sine qua non para que las entidades financieras pudieran entablar relaciones comerciales con sus clientes. Hoy día, México construye una mejor práctica para que incluso, las entidades financieras y aquellos que realizan actividades vulnerables (en términos de la Ley Federal para la Identificación y Prevención de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita) conozcan al cliente de sus clientes (KYCC).

No obstante, el mundo de los negocios internacionales, la globalización y las nuevas tecnologías, entre otros factores, han hecho opalescente un concepto que pareciere tener una base muy simple y transparente. Conocer al cliente con el que se entabla una relación, de cualquier naturaleza, parece hoy un reto y por desgracia, cada vez más, un desafío. La paradoja no radica únicamente en la dificultad de realizar una debida diligencia para tener una idea clara de quién está frente a nosotros como un potencial cliente, su fuente de riqueza, su flujo esperado de recursos o servicios, el destino de éstos, etc. sino que, la parte más básica de dicha acción, conocer al cliente, está hoy cuesta arriba tan sólo por lo que hace a identificarlo.

La tarea de conocer a un cliente es más profunda que tan sólo identificarlo. Tener un expediente con una copia de alguna de sus identificaciones oficiales, un comprobante de domicilio, una carta de intención y un breve cuestionario contestado, es tarea sencilla. Si usted ha logrado tener estos documentos en el expediente, ¡lo felicito!! Apenas logró identificar a su cliente! Ahora comienza el dinámico camino de conocerlo.

El problema se torna aún mayor cuando partimos de una pregunta que despierta distintas aristas ¿Qué identificación puede ser suficiente para que una persona compruebe su identidad?

En México, por desgracia para todos los que en él vivimos, mercamos, negociamos, contratamos, etc., no existe un documento único que tenga los efectos exclusivos de contener la identidad de cada persona. Como se sabe, en países como España, Perú, Argentina o República Dominicana existe un Documento de Identidad, o en otros como Chile, Costa Rica, Uruguay, Venezuela, Ecuador, etc. existe una Cédula de Identificación. En México, no hemos logrado contar con una cédula única de identificación que lo permita.

La credencial para votar que expide el Instituto Nacional Electoral, la cédula profesional (que por cierto un mínimo porcentaje de la población la tiene), el pasaporte (igualmente en menor porcentaje poblacional) hacen las veces de documento de identificación, pero ninguno contiene realmente la información que es necesaria para dichos efectos. Por ejemplo, ninguno cuenta -ni en el documento per se, ni en las bases de datos de quienes los expiden- con datos biométricos indispensables que en otras latitudes ya forman parte de los expedientes nacionales de sus ciudadanos (tipo de sangre, reconocimiento de parámetros del iris, las crestas papilares de los dedos o huellas dactilares, etc.).

Si a lo anterior sumamos que la falsificación de documentos en México, propicios para obtener un pasaporte, una credencial de elector o una cédula profesional, es un fenómeno cada vez más creciente, el problema se ahonda y el reto se convierte en un galimatías. El robo de identidad – como se le ha denominado al fenómeno- ha sido creciente y el Estado parece estar tomando cartas serias en el asunto, sin tener aún una perspectiva clara de cómo y cuándo podrá erradicarse.

Hace algunos años, tras la encarnecida lucha que Colombia dio al narcotráfico y sus secuelas (entre ellas el lavado de dinero o de activos), se inició una campaña que sigue vigente, donde se invita a la gente de bajos recursos a no prestar sus identificaciones a cambio de pagos o contraprestaciones, para erradicar el fenómeno de los testaferros o prestanombres y para que dichas identidades no fueren superpuestas por otras personas logrando así la falsedad de identidades. En la liga siguiente puede apreciarse un video que así lo muestra:

La oficina contra la Droga y el Delito de las Naciones Unidas (UNODC) ha subrayado la necesidad de que los gobiernos atiendan los fenómenos crecientes de delitos informáticos, de fraude financiero, el denominado phishing, el hacking, el sabotaje electrónico, los crímenes contra menores y la explotación sexual, entre otros, mismos que son prioritariamente cometidos de manera digital y bajo el uso de identidades falsas.

Para ello, es menester que las autoridades implementen medidas como las que aquí se proponen:

    1. Sistemas de Justicia penal más accesibles, más responsables y más eficaces (que ante la llegada del nuevo sistema de justicia penal acusatorio, en México se abre la brecha de oportunidad)
    2. Aumento de la capacidad de respuesta y coordinación entre autoridades (que con los mecanismos y protocolos adecuados deben servir para derribar los supuestos secretos y reservas de información que tanto daño hacen a la cooperación nacional e internacional)
    3. El establecimiento de un sistema o base de datos consolidada (quizás a través de instituciones como las Sociedades de Información Crediticia) donde se establezcan obligaciones de aquellos que otorguen créditos y aquellos que los soliciten, de estar dados de alta en dichos burós, con un mínimo de parámetros de identificación validados y con medidas de seguridad rigurosas para proteger la integridad de la misma.

De hecho, existen países donde la tarea de identificación y conocimiento primario de los clientes son encargadas a empresas que desarrollan especialidad en dicho servicio, y son las instituciones de crédito las que obtienen sus expedientes de éstas últimas y no del cliente directamente, reduciendo sus estructuras, tiempos y gastos, y dejando el monitoreo transaccional continuo (verdadero elemento del conocimiento del cliente), a sus estructuras internas especializadas.

  1. Un fortalecimiento a las tareas de investigación, capacitación (en el manejo especializado de análisis y valoración de evidencias digitales)
  2. Y a través de una reforzada tarea de prevención que integre campañas de educación y sensibilización sobre dichos delitos.

México logrará consolidar al 100% su objetivo de que al menos las instituciones financieras y aquellos que realizan actividades de las denominadas vulnerables conozcan a sus clientes (KYC y KYCC), cuando el reto de la identificación de las personas no sea más un asignatura pendiente.

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