Estafa humeante

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Estafa humeante

Creer lo que queremos y no lo que es.

La alargada nariz del vendedor era un indicio suficiente para sospechar de él, o quizás los habitantes de ese pueblo no conocían el cuento de Pinocho, el famoso mentiroso.

Ser un extraño, llegar y vestir de manera extraña eran suficientes datos para mantener la inicial cortina, tejida de indiferencia y desconfianza de los pobladores.

Pensemos en lo esenciales que resultan estos dos componentes para salvaguardarnos de una estafa. En la fábula de la zorra y el cuervo, el codiciado bien del queso está resguardado por la altura y la distancia que hay entre la rama del árbol y el suelo, desde donde la zorra trama la manera de poder anular sus desventajas.

Igual que la zorra, el vendedor observa cómo sus intentos de atraer la atención de la gente fracasan, hasta que encuentra en un niño y en un mágico regalo emergido del humo la oportunidad esperada. Se rasga la cortina de la indiferencia y la desconfianza, la gente sucumbe y se deja seducir, creen y ven lo que quieren creer y dejan de ver lo que es. El humo niebla primero su entendimiento y sus ojos después.

El Vendedor de Humo es un excelente ejemplo de la arquitectura del fraude, la manera en que se planea y en que la gente se desprotege. El examinador encontrará en este cortometraje varios ángulos para analizar y reflexionar sobre la sicología del fraude.

Escutia, C. (productor), Maestro, J. (director). (2012). El Vendedor de Humo. Valencia: Primer Frame.
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